Todo sobre el complejo de superioridad

Imagen ilustrativa de mujer con complejo  de superioridad
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Todos hemos podido pensar alguna vez que una persona tiene complejo de superioridad, ya sea porque se muestra arrogante o bien porque se suele creer mejor o más lista que los demás. Sin embargo, ¿qué hay detrás de esta actitud? ¿Qué significa el complejo de superioridad en términos psicológicos?

En este artículo te explica las características, los efectos, las posibles causas y el diagnóstico del complejo de superioridad, así como algunos mecanismos de afrontamiento que pueden resultar útiles.

Abordaje conceptual del complejo de superioridad

Alfred Adler (1870 – 1937), un prominente médico y psicoterapeuta, fue quien primero estudió y además acuñó este término, que aparece como un mecanismo inconsciente y compensatorio de ideas de inferioridad. La persona muestra patrones recurrentes de conducta, en los cuales intenta resaltar cualidades en las que se considera aventajado sobre otros. En su sistema mental el sujeto ignorarse los aspectos negativos y otorga preponderancia a los que ve como positivos.

El complejo de superioridad es un fenómeno psicológico que se manifiesta en personas que se perciben a sí mismas como mejor que los demás para escapar de sentimientos de inseguridad.. Esta percepción no solo se limita a sentirse más capaces o talentosas, sino que también implica una actitud de desdén o condescendencia hacia quienes les rodean. Las personas que se creen superiores a menudo muestran una falta de empatía y una tendencia a subestimar las capacidades de los demás.

La clave de este mecanismo es que las personas que lo sufren en realidad se sienten inferiores a los demás y necesitan mostrar una apariencia y un discurso más positivos sobre ellos mismos para sentirse mejor. El problema es que van arrasando allá por donde van, tratando mal y denigrando a personas.

Alguien que se comporta como si fuera mejor que los demás puede tener un complejo de superioridad. Sin embargo, aunque tienda a exagerar sus logros y habilidades, en realidad puede estar haciéndolo para compensar en exceso sentimientos de inferioridad.

Según Aimee Daramu, doctora en psicología clínica y licenciada, tener un complejo de superioridad es bastante común. De hecho, según un estudio de 2013, la mayoría de las personas tienen una visión sesgada de sí mismas y se consideran superiores a la persona promedio.

Algunas personas tienen un complejo de superioridad en algún aspecto, como su apariencia o sus finanzas; mientras que para otras, intentar parecer mejores que los demás se convierte en su rasgo de personalidad más dominante.
— Aimee Daramus, Doctora en Psicología.

‍Según Adler, el complejo de superioridad surge como un mecanismo de compensación para ocultar sentimientos de inferioridad. Esta teoría sugiere que detrás de la fachada de persona que se cree superior, a menudo se esconde una profunda inseguridad. También hay otras interpretaciones, como la del DSM-5-TR, que habla de rasgos como la grandiosidad, la búsqueda excesiva de admiración o la falta de empatía, que podrían ser indicadores de un trastorno narcisista de personalidad.

Curiosamente, comportamientos asociados con el complejo de superioridad pueden observarse en jóvenes que muestran características del "síndrome del emperador". Este síndrome describe a niños y adolescentes que, debido a una crianza excesivamente permisiva, desarrollan una percepción inflada de su propia importancia y una falta de habilidades sociales adecuadas.

La conducta relacionada con este mecanismo puede incluir una opinión exageradamente positiva sobre el valor y las habilidades de uno mismo, expectativas muy altas y poco realistas con respecto a los logros de uno mismo y de los demás, vanidad, una cierta necesidad de llamar la atención (expresada a través de diferentes maneras), orgullo, sentimentalismo y facilidad de ser herido, una tendencia a rechazar las opiniones de los demás (a veces con fundamentos racionales), comportamiento snob, entre otras.

El alejamiento social y el "soñar despierto" puede ser también asociado al complejo de superioridad, ya que es una forma de evadir el temor al fracaso relacionado con los sentimientos de incapacidad de enfrentar el mundo real.

Quienes presentan complejo de superioridad y tratan de quedar por encima suelen mostrar comportamientos arrogantes y una necesidad constante de validación. No obstante, estas actitudes pueden ser una respuesta a un miedo subyacente a ser vistos como inferiores o inadecuados.

Naturalmente, el creerse superior a los demás afecta significativamente las relaciones interpersonales. La incapacidad de reconocer y valorar las contribuciones de otros puede llevar a conflictos y aislamiento social, lo que puede tener efectos perjudiciales en la salud mental.

Debe decirse que aunque algunas personas muy talentosas pueden experimentar complejo de superioridad, la mayoría de las veces es más una ficción que se basa en ideas exageradas y hasta falsas, que quien se siente acomplejado tiene de sus habilidades. El asunto aquí es que posee una percepción exageradamente positiva, distorsionada, sobre las propias capacidades, aunque estas ideas no tengan respaldo objetivo o realista.

Las personas que se perciben así, tienden a adoptar actitudes llamativas que les permitan acaparen la atención. Además, pueden modificar su manera de caminar, hablar o vestir, y buscarse cierto tipo de amistades que no contradigan su falsa idea de especialismo. Sin embargo, los reiterados rechazos pueden ayudarlos a despertar, a percatarse de que algo “no anda bien”, y buscar ayuda.

La exhibición del complejo de superioridad, generalmente, se proyecta hacia los sentimientos de inferioridad con respecto a los demás. El problema más común de este complejo es sentirse "apartado" de los grupos sociales, por no presentar las mismas características que el resto de las personas. En el resto de las personas, al estar con una persona con este tipo de complejos, se puede llegar a pensar que son arrogantes o que quieren hacerse destacar por aspectos banales.

Los complejos de superioridad e inferioridad son a menudo presentados ambos en las mismas personas, y se manifiestan de maneras diferentes. Sin embargo, los dos complejos pueden existir el uno sin el otro.

Causas del complejo de superioridad

Según Alfred Adler

¿Por qué hay personas que se creen superiores? La idea del complejo de superioridad, y su opuesto, el complejo de inferioridad, fue descrita por primera vez por Alfred Adler , psicólogo austriaco y fundador de la psicología individual.

Un estudio de 2022 sobre la obra de Adler, incluyendo su teoría sobre los complejos de superioridad, sugiere que la crianza en la infancia y los problemas de salud mental podrían conducir a un complejo de superioridad, como se explica a continuación.

Crianza en la infancia

Adler creía que los niños excesivamente mimados se acostumbran a que se les dé todo sin esfuerzo. Una crianza en la que se idolatra al niño constantemente puede fomentar una autoimagen inflada. Del mismo modo, la comparación constante con otros hermanos o compañeros puede generar una necesidad de sobresalir de manera extrema. Esto puede obstaculizar su confianza y el desarrollo de sus habilidades.

Estos niños pueden sentirse con derecho a todo y creer que el mundo gira a su alrededor, lo que puede coartar su creatividad, iniciativa y valentía. Cuando finalmente interactúan con otros más capaces, pueden sentirse inferiores. En lugar de adaptarse y cooperar, podrían desarrollar un complejo de superioridad para evitar afrontar esta realidad.

Las personas con complejos de superioridad creen que son tan geniales como dicen ser. En este caso, podría ser que un exceso de refuerzo positivo durante la infancia haya provocado una autoestima exagerada.

Sentirse superior, considerar a los demás como menos valiosos y necesitar la aprobación se relaciona con la autoestima. Esta dimensión psicológica se construye a lo largo de la infancia y la adultez. Así, es posible que estas personas hayan tenido experiencias que han dañado y debilitado su propia percepción. Por ejemplo, haber sufrido acoso escolar o no haber recibido por parte de su familia todo el cariño y apoyo que necesitaba.

Además, es posible que a lo largo de la construcción de su autoestima y personalidad, hayan contado con modelos adultos similares. Es decir, puede ser que el padre o madre actuara de la misma manera, lo que conlleva que el niño o niña aprenda a defenderse y a relacionarse con su entorno de una forma distorsionada y basada en juicios de valor erróneos. Incluso podría ser que sus padres le hubieran ayudado, mediante la educación recibida, a crearse una imagen exagerada de sus cualidades y llevándole a generar una necesidad de estar “a la altura” difíciles de mantener.

Problemas de salud mental

Según Adler, las personas con problemas de salud mental también pueden desarrollar complejos de superioridad debido a las dificultades que experimentan para afrontarlos y a la profunda desmotivación que esto puede generar. Esto, a su vez, puede provocarles sentimientos de inferioridad y la necesidad de compensar en exceso.

Otras causas

Lo cierto es que las raíces del complejo de superioridad pueden ser multifactoriales e involucran aspectos psicológicos, sociales y personales. Resulta complicado comprender y describir todas las razones que llevan a una persona a tener un complejo de superioridad. Sin embargo, se puede tratar de entender qué experiencias pueden haber determinado este mecanismo psicológico de protección.

Mecanismo de defensa: Tengamos en cuenta que quien lo sufre en realidad esconde sentimientos de inseguridad e inferioridad, es posible que se haya construído esta actitud como un muro para no mostrar vulnerabilidad. Muchas personas con complejo de superioridad en realidad sufren de baja autoestima y ocultan sus inseguridades con una personalidad arrogante.

En algunos casos, el complejo de superioridad puede ser una manifestación de trastornos de la personalidad, como ocurre, por ejemplo, con la personalidad narcisista. En estos individuos, una herida narcisista, es decir, un daño emocional profundo que afecta la autoestima, puede estar en el origen de su comportamiento arrogante e intransigente. Estas personas a menudo se ven a sí mismas como quienes siempre tienen la razón, ignorando las perspectivas y necesidades de los demás.

Condiciones sociales y culturales: En sociedades donde el éxito y el poder se valoran más que la empatía y la cooperación, las personas pueden desarrollar actitudes de superioridad para destacarse.

El entorno en el que crece una persona también puede jugar un papel crucial. Crecer en un entorno donde se premian actitudes dominantes y de menosprecio hacia los demás puede hacer que estas actitudes se arraiguen en la personalidad del individuo. Por ejemplo, un niño que recibe constantemente elogios excesivos por sus logros puede desarrollar la creencia de que es inherentemente superior a los demás. En ocasiones, hay influencias socioculturales que fomentan la comparación y la competencia, y llevan a determinadas personas a sobrevalorar sus propias capacidades o su estatus personal.

Otro factor que puede actuar como posible causa son las experiencias traumáticas. Estas pueden llevar a algunas personas a desarrollar un complejo de superioridad como una forma de proteger su identidad y valía. En estos casos, creerse mejor que los demás actúa como un escudo contra la vulnerabilidad.

Hay quienes postulan que estos sujetos desarrollan sentimientos de superioridad como mecanismo de defensa ante sus verdaderos sentimientos de inferioridad. En otras palabras, su jactancia y arrogancia son señales de sobrecompensación.

En definitiva, no han aprendido a comunicarse con los demás de forma asertiva y, mucho menos, a valorar su entorno, sus recursos y los de los demás, de manera realista. Por ello, es importante, en cualquier momento vital, reflexionar acerca de los esquemas mentales que manejamos y entender que todas las personas tienen virtudes y defectos y que esto no les hace mejores o peores personas.

Factores de riesgo psicológicos, familiares y sociales

El desarrollo del complejo de superioridad suele estar influido por una combinación de factores psicológicos, familiares y sociales. Comprender estos elementos puede facilitar la identificación del origen de este patrón y ofrecer herramientas para abordarlo de manera más cercana y empática.

Entre los factores psicológicos, además de experiencias personales como la vivencia de inseguridades, situaciones emocionales difíciles o desafíos relacionados con la autoestima, se han identificado fuentes principales como deseos infantiles no resueltos, envidia hostil hacia las mujeres, ansiedad edípica y conflictos de poder y dependencia relacionados con la autoestima masculina (Woods, 1976).

En muchas ocasiones, la persona adopta una actitud de superioridad como una forma de protegerse frente a sensaciones de insuficiencia o vulnerabilidad.

El ambiente familiar también desempeña un papel importante. Por ejemplo, una educación con excesiva ponderación, sobreprotección o límites difusos, puede influir en que el niño desarrolle una percepción poco realista de su propio valor. Por otro lado, la crítica constante o la comparación con otras personas también pueden generar la necesidad de compensar estas experiencias sintiéndose superior.

En cuanto a los factores sociales, la presión social por sobresalir, la competitividad en entornos escolares o laborales y los mensajes culturales que priorizan el éxito individual pueden fortalecer la tendencia a mostrar actitudes de superioridad. En algunos casos, ciertos contextos sociales valoran la autoafirmación excesiva, lo que puede contribuir a que este patrón se mantenga en el tiempo.

Cada uno de estos factores puede influir de manera distinta en cada persona, dando lugar a formas únicas y subjetivas en que se manifiesta el complejo de superioridad.

Algunas señales para saber cómo actúa una persona con complejo de superioridad

Imagen ilustrativa del complejo de superioridad

¿Alguna vez te has preguntado si tienes complejo de superioridad? ¿O quizás tienes dudas y crees que una persona que conoces lo tiene? Para poder identificar a una persona con complejo de superioridad, es importante observar ciertos patrones de comportamiento y actitudes. Veamos cuáles son los principales síntomas de una persona con complejo de superioridad.

  • Arrogancia y condescendencia: Hablan de los demás como si fueran inferiores, minimizando sus logros y habilidades.
  • Expectativas muy altas y poco realistas: sobre uno mismo y los demás. Esto los lleva a hacer afirmaciones exageradas sobre los propios logros o habilidades, que crea en ellos la tendencia a rechazar opiniones de otros y a sobrevalorar la propia.
  • Estatus y reconocimiento: Buscan posiciones de liderazgo y prestigio, impulsados por el deseo de reafirmar su superioridad.
  • Competitividad extrema: Siempre quieren demostrar que son mejores que los demás, incluso en situaciones irrelevantes.
  • Exageración y alardeo: sobre su inteligencia, habilidades, belleza, etc. Por esto, tienden a pensar que las otras personas pueden tenerle envidia o que son objeto de críticas.
  • Necesidad de dominio: estas personas a menudo sienten la necesidad de dominar las conversaciones y las situaciones en las que están y se muestran como personas arrogantes con aires de superioridad.
  • Falta de empatía: la falta de empatía y consideración por los sentimientos de los demás es común en personas que se creen superiores.
  • Comportamiento despectivo: las personas que se creen perfectas o superiores a los demás tienden a despreciar y menospreciar a los demás, a menudo de manera sutil o indirecta, por lo que su trato es desagradable e incluso llegan al extremo de la burla a los demás. Es común su tendencia a ignorar las opiniones o contribuciones de los demás mientras se sobrevalora la propia.
  • Inseguridad y sensibilidad a la crítica: estas personas suelen reaccionar negativamente a los comentarios que no son explícitamente positivos, y buscan constantemente la aprobación y el elogio. Por eso se le ve reaccionar con enojo o desprecio ante situaciones que desencadenan profundas inseguridades o cuando se les señala un error.
  • Necesidad de validación externa: las personas que padecen este complejo a menudo buscan la validación de los demás para reforzar su autoestima. Esto se observa en la exageración de logros y habilidades, en un intento de convencerse a sí mismas y a los demás de que son personas válidas, aunque esto se haga mintiendo de forma descarada.
  • Incapacidad para admitir errores: una característica común es la incapacidad de asumir la responsabilidad de sus errores, pues no consideran que cometan errores o que los que cometen no tienen las consecuencias que en realidad tienen. esto se arraiga en que tienden a creer que siempre tienen la razón y muestran resistencia a considerar opiniones contrarias.
  • Comparaciones constantes: el complejo de superioridad lleva a una constante comparación con los demás, ya que su autoestima depende en gran medida de cómo perciben que los demás los ven.
  • Cambios de humor relacionados con comparaciones: la tendencia a compararse constantemente con los demás puede llevar a cambios de humor, especialmente cuando sienten que no pueden superar a otros.
  • Egocentrismo: las personas con aires de superioridad suelen ser egocéntricas, relacionando muchos eventos, logros o acciones con sus propias capacidades en lugar de reconocer las contribuciones de los demás.
  • Tendencia al control: estas personas pueden ser controladoras, mostrando molestia o frustración cuando los demás no actúan según sus expectativas. Les gusta tener la razón y no ser “superadas”.
  • Participan únicamente en actividades donde se sienten superiores o ganadores.

Por ejemplo, la Dra. Daramus explica que alguien con complejo de superioridad puede disfrutar jugando si va ganando, pero pensar que el juego es una tontería si va perdiendo. «Pueden intentar desanimar a la competencia, criticar a los ganadores o reaccionar de forma exagerada ante la derrota porque les genera inseguridades y les hace sentir estúpidos».

 

Ejemplos concretos de conductas asociadas al complejo de superioridad

Reconocer el complejo de superioridad en la vida diaria puede resultar más accesible si observamos ejemplos concretos de comportamientos. A continuación, presentamos algunas situaciones frecuentes:

  • Interrumpir constantemente a los demás: la persona suele cortar las intervenciones de otras personas para expresar su propio punto de vista, mostrando poco interés por las opiniones ajenas.
  • Desacreditar logros ajenos: la persona tiende a minimizar o ignorar los éxitos de otras personas, restándoles importancia o atribuyéndolos a la suerte en lugar del esfuerzo.
  • Presumir de manera exagerada: la persona habla repetidamente sobre sus propios logros, habilidades o posesiones, incluso cuando no es relevante, buscando impresionar a quienes le rodean.
  • Rechazar la ayuda o el consejo: la persona suele mostrarse poco abierta a aceptar sugerencias o apoyo, ya que considera que no necesita aprender de los demás.
  • Ridiculizar errores ajenos: la persona puede hacer comentarios sarcásticos o burlarse cuando otras personas cometen errores, reforzando así su imagen de superioridad.

Estos ejemplos muestran cómo el complejo de superioridad puede influir tanto en la persona que lo experimenta como en su entorno, generando dificultades en las relaciones y la convivencia.

Diferencia entre complejo de inferioridad y superioridad

Básicamente, el complejo de superioridad se caracteriza por una autoimagen inflada, mientras que el complejo de inferioridad implica una percepción de sí mismo como menos capaz o valioso que los demás. Por ejemplo, se ha observado que los atletas presentan sentimientos de superioridad significativamente más altos que los no atletas (Stoyanova & Ivantchev, 2025), lo que sugiere que ciertos contextos pueden influir en la manifestación de estos complejos.

Curiosamente, estos dos complejos a menudo suelen coexistir. Una persona puede oscilar entre sentirse superior en algunas áreas de su vida mientras se siente inferior en otras. Según Adler, que fue quien introdujo los conceptos de complejo de inferioridad y superioridad en obras como Understanding human nature o Superiority and Social Interest, este último no sería más que un esfuerzo compensatorio del otro.

Sin embargo, por ejemplo, mientras que una persona con complejo de inferioridad puede evitar situaciones que le supongan un desafío, alguien con complejo de superioridad buscará de forma activa situaciones donde pueda demostrar su supuesta superioridad.

En lo que respecta a las relaciones, ambos complejos pueden ser perjudiciales, pero de maneras diferentes. El complejo de superioridad a menudo lleva a conflictos y falta de colaboración, mientras que el complejo de inferioridad puede resultar más en dependencia y falta de iniciativa.

Por último, en ocasiones la persona puede desarrollar al mismo tiempo un complejo de superioridad moral, una actitud que conlleva un juicio crítico y despectivo hacia las acciones o creencias de otras personas, basándose en la percepción de poseer una superioridad ética.

Diferencia entre autoestima sana y complejo de superioridad

Asimismo, es fundamental diferenciar entre una autoestima sana y el complejo de superioridad, ya que, aunque pueden parecer similares, tienen efectos muy distintos en el bienestar emocional y en las relaciones con otras personas.

  • La autoestima sana se apoya en una valoración realista de las propias capacidades y límites. Una persona con autoestima saludable suele reconocerse y valorarse, sin necesidad de compararse constantemente con quienes le rodean, y puede reconocer y alegrarse por los logros de los demás.
  • El complejo de superioridad se caracteriza por una autoimagen exagerada y la necesidad de sentirse por encima de otras personas. Esta actitud a menudo surge de inseguridades internas y puede llevar a que la persona reste valor a quienes le rodean para reafirmar su propia valía.

Mientras que la autoestima sana facilita relaciones equilibradas y una actitud receptiva hacia el aprendizaje, el complejo de superioridad puede favorecer la aparición de conflictos y el aislamiento. Identificar esta diferencia resulta esencial para acompañar el desarrollo personal y prevenir patrones que puedan afectar el bienestar.

Asimismo, un test de autoestima puede ser útil para identificar nuestro nivel de autoestima; no obstante, es importante consultar los resultados con un profesional de la salud mental para una correcta evaluación.

Cómo superar el complejo de superioridad

La terapia psicológica puede ser muy efectiva para abordar las causas del complejo de superioridad. La intervención más utilizada es la terapia cognitivo-conductual, que ayuda a las personas a identificar y cambiar patrones de pensamiento y comportamiento perjudiciales.

Asimismo, si queremos abordar el complejo de superioridad en pareja, podemos recurrir a un psicólogo especialista en terapia de pareja. Y si queremos saber cómo tratar el complejo de superioridad en niños, lo recomendable es acudir a un psicólogo experto en infancia y adolescencia.

Por otra parte, más allá de acudir a terapia, quizás te estés preguntando cómo tratar a una persona con complejo de superioridad.

En este sentido, podemos poner en marcha algunas estrategias, como ser empáticos, ayudar a la persona a reconocer y abordar sus inseguridades o enseñarle estrategias de afrontamiento más saludables para manejar sus sentimientos de inferioridad sin recurrir a la superioridad como mecanismo de defensa.

El objetivo es que la persona trabaje su inteligencia emocional y desarrolle una autoestima saludable basada en valores personales en lugar de en la comparación con los demás para evitar adoptar estas actitudes y caer en este tipo de complejos.

Estrategias prácticas para afrontar el complejo de superioridad

Superar el complejo de superioridad puede requerir un trabajo consciente y constante, tanto por parte de la persona que lo experimenta como de quienes la rodean. Algunas estrategias que pueden ser de ayuda son:

  • Autoconocimiento: Reflexionar sobre las propias inseguridades y reconocer la necesidad de aceptación externa.
  • Aprender a reconocer los logros de los demás: Valorar el esfuerzo ajeno sin compararse constantemente.
  • Aceptar críticas: Escuchar las opiniones y sugerencias sin verlas como un ataque personal.
  • Practicar la autocrítica constructiva: reflexionar sobre los propios comportamientos y reconocer posibles áreas de mejora puede contribuir a desarrollar una visión más realista de uno mismo.
  • Evita exagerar: Sé honesto contigo mismo acerca de tus habilidades y logros. Practica comunicarte con los demás sin exagerar.
  • Aprende a aceptar las imperfecciones: Es natural tener defectos, y ser imperfecto no disminuye tu valía como persona. Esfuérzate por aceptar tus imperfecciones, y también las de los demás.
  • No hagas comparaciones: Es importante poder reconocer las habilidades de los demás y celebrar sus éxitos sin compararte con ellos ni sentirte mal contigo mismo.
  • Fomentar la empatía: escuchar activamente a otras personas y tratar de comprender sus puntos de vista puede ayudar a reducir la tendencia a mostrarse por encima de los demás. Recuerda que tus palabras y acciones pueden herir a otras personas. Reconoce y acepta el daño que has causado. Trátalas con amabilidad y empatía. Ponerse en el lugar de los demás ayuda a equilibrar la percepción de uno mismo.
  • Aceptar la vulnerabilidad: reconocer que todas las personas tenemos debilidades y que pedir ayuda puede ser un signo de madurez emocional.
  • Responder de forma asertiva: si convives con una persona que experimenta este complejo, puedes establecer límites claros y comunicar tus necesidades de manera respetuosa y firme. Por ejemplo, podrías decir: "Aprecio tu opinión, pero también me gustaría compartir la mía".
  • Buscar apoyo profesional: un psicólogo puede acompañar en la identificación de las raíces de este complejo y en el desarrollo de herramientas para fortalecer la autoestima de manera saludable.
  • Busque terapia: Aunque algunos casos pueden resolverse sin intervención terapéutica, ésta puede ser necesaria, ya que estas conductas tienden a verse reforzadas por familiares, amigos y compañeros de trabajo, sin que ningún miembro del grupo note el círculo vicioso. Las personas con complejo de superioridad suelen experimentar otros problemas de salud mental como ansiedad, perfeccionismo o depresión, así como otras creencias disfuncionales sobre cómo se debe tratar a las personas con imperfecciones (es decir, a todos los demás). En definitiva, la terapia puede ayudar a diagnosticar y abordar estos problemas.
 

Poner en práctica estas estrategias puede contribuir a relaciones más equilibradas y a un mayor bienestar emocional, tanto para la persona que lo experimenta como para quienes la acompañan. Asimismo, un psicólogo o psicóloga para la autoestima puede ayudar a identificar patrones de pensamiento y dar claridad sobre aspectos a mejorar.

chicas conversando

Cómo tratar a personas con este complejo

Una vez se comprenden cuáles son los comportamientos de estas personas y sus motivaciones más frecuentes, es apropiado tratarlas con cautela y respeto. A nadie le agrada recibir una mala contestación o ser tratado con desprecio, pero poco o nada ganamos respondiendo de la misma forma. Existen otro tipo de respuestas asertivas que pueden evitar la escalada de un plausible conflicto.

Además, nadie tiene la culpa de ser como es; no olvidemos que de esta forma de ser o de posicionarse frente a la vida también suele obtener una buena dosis de dolor y sufrimiento. Si es posible, ofrécele ayuda. Si no, toma distancia y dale tiempo para resolver sus asuntos si lo considera necesario. No obstante, si esa persona te molesta o hace daño, siempre puedes decirle de forma asertiva qué contestación o comportamiento ha sido dañino.

 






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